Anécdotas Escolares

Mis años octubrinos (Segunda Parte)

 

Tras un fin de año inesperado, me toca vivir el caluroso verano de 1983 en el colegio. Dos meses intensos de vacacional de Chino. No puedo negar que los primeros días fueron de bastante tensión e incertidumbre, pero terminó siendo una gran experiencia académica y personal. Terminé aprobando con creces y con buenas referencias para el inicio de mi secundaria...

Hasta que llega el 04 de Abril de 1983. Primer día de clases. Como cada inicio de año, cada salón se agrupa en el patio esperando la asignación del salón correspondiente. Pero de pronto, algo sucede. Hacen pasar a todos, menos a nosotros. Nos piden que nos quedemos en el patio. Al rato aparece el Teacher Tan junto con otros profesores, y comienza a leer la lista de cada salón. Todos nos mirábamos las caras, porque las listas no eran las mismas del año anterior... ¡Nos estaban mezclando! Ese fue el día que se implementó la mezcla de salones. Creando uno con los de mejor promedio (el "C"), dejando los otros dos ("A" y "B") con el resto.

Mi salón terminó siendo el Primer Año "B". Al medio del segundo piso del pabellón Colonia China. Tras algunas horas de desconcierto, terminé adaptándome a la nueva realidad. Al punto que al finalizar el primer bimestre terminé ocupando el segundo puesto de mi nuevo salón. Venía con toda la viada del verano, y mi futuro académico era prometedor... Hasta que una mañana de junio apareció en el aula el Teacher, para comentarnos que cada bimestre los mejores de las aulas "A" y "B" pasarían al "C", y los de más bajo rendimiento bajarían al "A" y "B". Lo extraño fue que, en lugar de mi nuevo amigo Augusto Lee Chu (primer puesto de mi salón) fui yo quien pasó al "C". Y así fue como, en menos de tres meses, tuve que adaptarme nuevamente a los cambios de aula. Dicho sea de paso, esa fue la única vez que nos volvieron a mezclar ese año...

Mi nueva aula era muy distinta a la anterior. Pasé de un salón bullicioso y relajado a uno donde todo era seriedad y estudio. Me resultó interesante, pero entré fuera de ritmo. Habían avanzado mucho más que el resto en tan solo tres meses. Nunca me pude nivelar y tuve que contentarme con ser uno de los del tercio inferior, académicamente hablando. Sin embargo, en paralelo salí ganando en algunas cosas, como fue el paseo al Hotel El Pueblo, que resultó siendo un premio acordado por los del "C" si lograban un buen primer bimestre. Y si bien es cierto que aquel día la pasé bien, recuerdo claramente que ese tipo de actividades fueron las que empezaron a fomentar ciertas rivalidades al interior de la promoción ("C" vs. "A" y "B")...

La tutora del Primer Año "C" fue la Srta. Zoraida Montero, quien ocupaba ese cargo para mantener la continuidad del sexto grado del año anterior. Curiosamente, de 1982 solo quedamos en el "C" José Luis Komt Chang, Miguel Cavero, Sonia Hayashida y yo. Y bueno, no puedo negar que lo que me hizo más llevaderos los cambios fue terminar en la misma aula que Sonia, con quien terminé entablando una bonita amistad aquellos días... Hasta que un día me animé a insinuarle que me gustaba. Fue la última vez que me dirigió la palabra...

Si algo se podía destacar del "C" era su organización. Al punto que, apenas me uní a ellos, lo primero que me comentaron es que ya estaban planificando actividades para el Viaje de Promoción... ¡En 1987! Se veía tan lejano... Pero igual, se decidió empezar con las actividades, previo visto bueno del Teacher Tan, quien puso como única condición de que fueran internas, para que no interfieran con las actividades de la promoción de turno.

Una actividad destacada de aquel año fue un paseo de día completo, con las tres secciones de Primer Año. Empezamos recorriendo el museo de la Santa Inquisición, pasando luego por la Alameda de los Descalzos, el museo de Oro y terminando en el museo de sitio de Pachacamac.

Nuestro Segundo Año de Secundaria fue casi una continuación del año anterior. Los mismos salones y los mismos compañeros. Una de las novedades la marcó la Miss Ofelia Benavides, quien ese año se convirtió en nuestra tutora. Estuvo con nosotros solo unos meses ese año, por razones de maternidad. Pero fue tiempo suficiente para que dejara huella en nosotros. En mi caso fue terrible, porque nunca le logré seguir el ritmo. Era muy buena profesora de inglés, pero en lo personal nadie me sacaba de la cabeza que tenía sus preferidos, je. Me "premió" con un 08 el primer bimestre, que resultó siendo el peor bimestre de mi vida. ¡Hasta en música me jalaron! Bueno, qué me iba a imaginar que me podían jalar por no tener cuaderno de un curso como música... Curioso curso el de Música. Lo llevábamos desde quinto grado, siempre con la Srta. Doria Rentería. Todos estábamos locos por ella. Era alegre, joven y bonita. A los de los últimos años los volvía locos, aún sin tener clase con ellos, je.

Al margen de lo comentado en el párrafo anterior, probablemente 1984 hubiese terminado siendo un año más para mí. Sin embargo, a finales de año sucedió lo más inesperado. Mientras pasábamos las horas esperando los resultados de "La Quinta Nota" (tortuosos exámenes que rendíamos a fin de año y que tenían el mismo peso de un bimestre), entablé una intensa amistad con Lita Martell. Y, si bien es cierto que nos conocíamos desde la primaria casi de vista, esos días de segundo año todo fue distinto. Sabe Dios por qué. De pronto, un día luego del último recreo me le acerqué y me le declaré. Entre risas y correteos. Y cuando le dije ¿aceptas?, me dijo: "Lo voy a pensar"... Mientras esperaba su respuesta, me enteré que mi promedio en matemática era 12 y que tendría que pasar un nuevo verano en las aulas del Diez de Octubre para reforzar lo aprendido.

Verano de 1985. Estudiando matemática en el colegio. Parecía que sería un verano aburrido, pero terminó siendo muy entretenido. Éramos chicos de 13 y 14 años, que empezábamos a creernos adultos. Así que el estudio terminó siendo la excusa perfecta para interactuar entre nosotros. Algunos mientras reforzaban matemática, otros lenguaje... ¡Y hasta los que integraban la banda iban el verano para ensayar! La banda: Un tema que siempre me quedó al debe. Intenté formar parte de ella durante el verano de 1981, pero me fue pésimo y lo dejé a las dos semanas. Pero bueno, su existencia me permitíó encontrarme durante todo el verano con Lita Martell, quien me tuvo todo el tiempo diciéndome "Lo sigo pensando"...

Meses después cursamos nuestro Tercer Año. Esta vez mi salón estuvo ubicado en el primer pisó del pabellón Hu-Shec, debajo de la conocida escalera. No era un salón muy codiciado por aquellos días, porque arriba nuestro estaba la Sala de Profesores. Pero ni modo. Aquel año sentí que pasamos a las "Ligas Mayores". Finalmente empezamos a llevar esos "cursos raros" que llevaban los alumnos más grandes, como Física por ejemplo. La "Física de Bombas" como le decía yo a mi buen amigo Jaime Chang, para diferenciarlo de Educación Física. Fantástico curso que llevamos con la Sra. Norma Dávila, quien por aquellos días era una de esas profesoras "clásicas" de secundaria, que algunos amaban y otros odiaban. Pero también nos tocaron profesoras nuevas, como por ejemplo María Chang. Ella dictaba Matemática y era bastante estricta. En lo particular me daba la impresión que sería de aquellas profesoras que solo duran un año. Quién diría que iba a quedarse décadas, je...

Matemática siempre fue un curso complicado, pero más para nosotros en 1985. Aquel año llegó al colegio el profesor Ching, quien era bastante joven con respecto al resto de sus colegas. A pesar de ello, llegó a imponer una serie de cambios en el dictado del curso, que implicaba refuerzo fuera de las horas de clase para los de bajo promedio. Dentro de ellos estaba yo. Así que durante la segunda parte del año me tuve que quedar los jueves luego de clase. Fue allí donde tuve la oportunidad de conocer más de cerca a compañeros tales como Paola Agreda, Itala Pozada y varios más. Y fue allí también donde por fin se me presentó la oportunidad para conversar con Lita Martell luego de clase. Curiosamente, lo que debió ser un momento risueño y relajado, terminó siendo más bien serio, con un tono de conversación que empezaba a dar señales de madurez. Pero, a pesar de ello, siguió sin responderme si me aceptaba o no...

1985 marcó el final de varias cosas. Muchos compañeros del año anterior no siguieron con nosotros, fruto de una depuración salvaje por bajo rendimiento. Ese año también fue el último de los tradicionales paseos al Club de la PIP. Pero también fue el año que empezamos a intensificar nuestras actividades rumbo al Viaje de Promoción. Todo esto mientras Miss Ofelia se mantenía como nuestra tutora.

El año que vino luego fue 1986. Fue un año rarísimo. En esa ocasión yo llegué al primer día de clases sin haber pasado el verano en el colegio (gracias a que me devoré el Baldor meses antes, para evitar que María Chang me mande a vacacional). La novedad aquella mañana fue que, una vez más, nos mezclaban. A mí me tocó el Cuarto Año "B", ubicado en el salón del medio del primer piso del Pabellón Confucio (Sí, por fin me tocaba estudiar en este dichoso pabellón). Fue allí donde conocí a Percy Rivas y varios más, quienes con su particular forma de ver la vida (distendida) me permitieron conocer casi-casi un mundo nuevo. Solo dos cosas me permitieron mantener el equilibrio ante tan singular cambio: Coincidir en el aula con mi gran amigo de secundaria (Leonardo Chía, a quién conocí en 1983 a través de Augusto Lee Chu)... Y también coincidir en el aula con Lita Martell. Con esta última pelearíamos palmo a palmo el primer puesto del salón, mientras nuestro romance finalmente se concretaba (yeee)...

Este año fue particularmente extraño por varias cosas: La Srta. Perla Puell pidió licencia todo el año para seguir un curso en Inglaterra, motivo por el cual la dirección estuvo a cargo de la Srta. Eva Murga. Durante su gestión la plana docente fue ampliamente renovada, con profesores como el famoso Rubén Huapaya (Historia) quien terminó emparejado con la profesora Gabriela Vera (Química). Aunque también tuvimos la oportunidad de tener a profesores "clásicos", como el gran Nemecio Regalado (un capo enseñando Matemática) y la Sra. María Teresa Cáceres (Psicología). Aunque el más destacado de todos fue nuestro tutor de aquel año: Santiago Ugarte (Historia). Ese año supimos lo que era tener un Departamento de Psicología (aunque nunca lo pisamos y solo existió ese año). Ese año también fue el único en el que no se realizaron las Olimpiadas Octubrinas, para priorizar un campeonato de la Colonia China. Así que me quedé con las ganas de competir contra mis ex-compañeros del "C", quienes nunca me tuvieron en cuenta e los campeonatos anteriores, je...

Este también fue el año de los quinceañeros. Como olvidar la convocatoria al de Paola Agreda o Sophía Sumarán, por ejemplo. Todo esto mientras se establecía el Toque de Queda para enfrentar la creciente amenaza terrorista de la época, gracias a lo cual me terminé perdiendo todas las fiestas...

Estudiando en el Pabellón Confucio
Integrantes del Cuarto Año "C", haciendo un alto en la clase de Psicología con la profesora María Teresa Cáceres. Salón ubicado en el primer piso del Pabellón Confucio (1986)

Tiempo después llegó 1987. El último año. Con un primer semestre de intensas actividades pro Viaje de Promoción (el cual casi me perdí porque mis compañeros de aula no realizaron actividades durante la secundaria a diferencia de los del "C"), sobreviviendo a mi ruptura sentimental con Lita Martell, pero peleando sin cuartel por el primer puesto de mi salón. En esta ocasión nos tocó estar en el segundo piso del Pabellón Alberto Wu, en el salón ubicado cerca al Quiosco del colegio. Y, como tutor, seguía con nosotros Santiago Ugarte, a quién cariñosamente llamábamos "gansito"...

Lo mejor vino tras el Viaje de Promoción. Tras diez días de convivencia recorriendo el norte del país, nuestra integración hizo que nuestro último año fuese realmente intenso. Muy alegre y divertido, rumbo a la Fiesta de Promoción. Algo que no nos permitía darnos cuenta de que se acercaba nuestro final como alumnos octubrinos. Tal vez el momento donde me hice realmente consciente de quienes éramos en ese momento fue cuando, durante los exámenes del tercer bimestre, hacíamos intercambio de salón con los chicos de Segundo Año de secundaria. Verlos allí, risueños y correteando como niños, me hizo recordar quienes éramos tan solo hace unos años. Cuando veíamos lejano el último año escolar. De todos ellos solo me queda en la memoria el nombre de Gisele Artieda. Pero eran muchos más. Aquellos días, plagados de tareas, trabajos y exámenes finales, fuimos los más grandes: Los de Quinto...

Tiempo después, nos graduamos por todo lo alto. Conociendo finalmente los ambientes ocultos atrás del auditorio (a la espera de nuestro ingreso para la ceremonia de graduación). Previa entrega de la famosa orquídea a mi pareja de promoción (Jessica Tsuchida). Cerrando con broche de oro en el Lung Fung, donde tradicionalmente se realizaban las Fiestas de Promoción. Fiestas que marcaban en final de una era, pero donde también se realizaba la promesa de "No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós"...

Escrito por Erwin Zarria