Anécdotas Escolares

Mis años octubrinos (Primera Parte)

 

Recuerdo bien aquella tibia mañana de abril de 1978, cuando pisé por primera vez el Diez de Octubre como alumno. Recuerdo sentirme tan pequeño en un lugar tan inmenso y desconocido a la vez. En formación entre cientos de niños, mientras izaban las banderas del Perú y del colegio. Minutos después nos dirigimos al salón. Segundo Grado de primaria. Era al fooondo. A un costado de la cancha de fútbol, pasando el comedor (con su característico olor a cocina prendida). En el aula éramos más de 50 alumnos, a cargo de un tal Víctor Tenorio. El día se pasó volando. De regreso a casa mi mamá me preguntó que me había parecido el colegio. Y le dije que no me gustaba, porque todo era demasiado chino, je...

Con el pasar de los días me fui adaptando al ritmo, la disciplina y todo lo demás. Mi primer amigo fue Yumín Choy. Y allí nomás conocí a Pedro Iza, porque íbamos en la misma movilidad. Mi aula era el Segundo Grado "B", que reunía mayormente a los estudiantes con ascendencia china. Mi abuelo fue chino (Felipe León Chang), así que tenía sentido. Recuerdo bien que tuvimos buenos profesores aquel año, aunque sus nombres se perdieron en mi memoria. Salvo el del profesor Tenorio, obviamente. Recuerdo a la profesora de Formación Laboral (gracias a ella aprendimos a usar aguja e hilo, je) y por ahí al profesor de Educación Física. Supongo que tampoco fueron muchos, porque gran parte del día la pasábamos con Tenorio. En fin, fue un año clave para todo lo que vendría después, en todos los aspectos. Incluyendo el deportivo, porque justo aquel año se inauguraron las primeras Olimpiadas Octubrinas. Me acuerdo perfecto que un día unas chicas de secundaria vinieron con unas bolsitas para sortear nuestro color. Creo que aquella vez me toco el amarillo y, aunque me dieron el polo correspondiente, finalmente no participé.

Al año siguiente (1979) me tocó cursar el Tercer grado. Esta vez ya me sentía totalmente adaptado e integrado a mis compañeros de aula. Éramos los del "B". El aula era la misma del año pasado, pero esta vez nos tocó una profesora. Tarcila Gómez. Muy distinta a Tenorio, quien ya no era más profesor de aula pues había aceptado encargarse del recién creado Departamento de Normas. El primer bimestre fue bastante soso. En perspectiva casi recuerdo ver a Tarcila desbordada con todos nosotros. Casi 60 alumnos. Allí nomás llegó aquella fría mañana de junio, cuando lista en mano nos sacó a varios del aula, para expatriarnos a un aula aún más lejana de la que ya estábamos. Dicha aula se convertiría años después en la sala de proyecciones. Pero aquel año se convirtió en el Tercer Grado "C", aula que surgió integrando a los alumnos de más bajo rendimiento del Tercer Grado "A" y "B". Nunca le perdoné a Tarcila esta experiencia de quiebre brutal. Sin embargo, a los pocos días ya estaba integrado con mis nuevos compañeros. ¿Quiénes éramos? Menudas joyas: Juan Carlos Chung, Juan Arrese, Fernando Choy y varios más. Con el pasar de los días se fueron incorporando nuevos compañeros, tales como Miguel Cavero, Claudia Menéndez... Y Sonia Hayashida. Esta última sería mi amor platónico durante toda la primaria, pero esa ya es otra historia.

Nuestra tutora se llamaba Alida. Solo estuvo ese año en el Diez de Octubre. Pero era muy buena profesora. Tuvo el mérito de integrar al grupo y de hacernos llevadera la experiencia. En lo particular recuerdo dos momentos con ella: Cuando nos enseñó los planetas del Sistema Solar y cuando me pidió mis datos personales para el cuadro de méritos del tercer bimestre porque había quedado en tercer puesto. Dos singulares momentos que terminaron siendo claves en mi vida futura (ya lo contaremos otro día). ¡Ah! Y como olvidar aquella visita a los museos emblemáticos de Pueblo Libre: Museo de Arqueología, Antropología e historia del Perú, la Casa de Los Libertadores, etc. Fuimos el "A", "B" y "C", pero solo los dos primeros hicieron todas las visitas. Nosotros nos quedamos fuera de la última por "exceso de entusiasmo", je...

Visitando el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historía del Perú
Integrantes del Tercer Grado "C" visitando el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historía del Perú, junto a la profesora Alida (1979)

Otro de los momentos clave de aquel año ocurrió una mañana de invierno, cuando al llegar al colegio nos dijeron que no podíamos entrar al aula. ¿Qué había pasado? Durante la madrugada un automóvil se había estrellado contra uno de los muros de nuestro salón y lo había traspasado. Afortunadamente sucedió durante la madrugada. Como plan de contingencia nos mudamos... ¡Al auditorio! Somos los únicos que alguna vez tuvimos como aula el auditorio del colegio. Y, como si no fuera suficiente privilegio, aquel año tuvimos simultáneamente tres profesores de inglés (recuerden que ese año el "C" fue un salón improvisado a medio año), siendo uno de ellos el Teacher Tan. ¡Menudo lujo!

Aquellos días estaban terminando de construir el pabellón Confucio, así que corría el rumor de que pronto nos mudaríamos del auditorio a una de sus aulas... Pero no. Llegado el momento prefirieron darle el privilegio a los amigos del aula "B", regresándonos a nosotros a nuestro exilio del fondo...

Con la llegada de los años 80 llegó también nuestro Cuarto Grado. Llegamos a ese año como un grupo super consolidado, pero cada vez más temido por lo inquietos que éramos. Aquel año debutó como profesora octubrina la Srta. Zoraida Montero. Le tocó hacerse cargo de nosotros, lo cual no era una tarea nada sencilla. Más cuando el aula siguió aumentando en alumnado (Victoria Quiroz y Mónica Rosales llegaron aquel año, por ejemplo). Gracias a ella supe lo que era salir jalado en un bimestre, je... Ese año nos tocaba hacer la primera comunión, pero curiosamente el colegio no la organizó, así que cada uno la hizo por su lado. Aunque la preparación sí la hicimos en el Diez de Octubre con nuestras profesoras de Religión (las recordadas hermanas Raffo). Cada charla preparatoria era todo un acontecimiento, que implicaba desplazarnos entre nuestra aula (ubicada al lado del Departamento de Normas) y el comedor. Dichos desplazamientos solían implicar correteadoras de ida y vuelta, hasta que un día derivaron en la caída de Miguel Cavero que terminó con varios puntos en la barbilla. De ahí, no más correteos...

Para Quinto Grado nos tocó mudarnos al pabellón principal del colegio, llamado Carlos Pun. Estuvimos en el segundo piso, en el salón más cercano a la secretaria. Cómo olvidar aquel pasadizo que invadíamos durante los recreos para jugar lingo, je... Fue ese año (1981) cuando empezamos a tener más variedad de profesores, siendo una de ellos la Srta. Adela Vargas, quien también debutó en el Diez de Octubre con nosotros. La Srta. Adela tenía locos a los chicos de secundaria porque era alta y muy guapa. Pero para nosotros era simplemente nuestra tutora, la Srta. Adela. Recta pero muy buena persona. Quien se iba a imaginar entonces que pasaría décadas en el colegio... Ese año fue cuando vivimos la clasificación de Perú al mundial de España 82. Y fue también el último año en que las Olimpiadas Octubrinas se realizaron agrupando equipos por colores.

Nuestro último año de primaria llegó en 1982. Nos tocó ocupar casi de estreno uno de los salones del pabellón Hu-Shec (el que está a la espalda del Departamento de Normas), frente a la cancha de fútbol. Ese año las Olimpiadas Octubrinas se empezaron a disputar por salones, siendo las finales entre los mejores de Sexto Grado de Primaria y Primero de Secundaria, por ejemplo. Ese fue el año del mundial España 82, el cual vivimos (y sufrimos) durante algunas mañanas en el colegio, viendo los partidos en los televisores que acondicionaban los chicos de secundaria en sus salones.

Ese año fue también el del grave accidente de nuestro amigo Angel Llap, quien por una distracción cayó desde el tercer piso de su casa y se rompió la cabeza, quedando en una situación bastante crítica. Fueron varias mañanas de oración al iniciar el día, encabezados por la profesora María Victoria Balcazar (la recordada Monja, quien se había incorporado al colegio un año antes). Finalmente, Angel logró superar el trance con éxito.

Teniendo como tutora nuevamente a la Srta. Zoraida Montero, ese año supimos lo que era organizar actividades pro Fiesta de Promoción. Se volvió usual reunirnos una vez al mes en casa de Roberto Cosme o Gustavo Castro junto con todos los padres de familia. Bueno, los que se reunían eran los padres de familia; nosotros nos enfrascábamos en interminables partidos de fulbito en la cochera de Cosme o el pobre jardín de Castro, je... Los frutos de estas actividades se vieron a fin de año, con la realización de la esperada Fiesta de Promoción y con la entrega de los recuerdos correspondientes.

El fin de año nos sorprendió con algo que solo ha sucedido una vez en toda la historia octubrina: La clausura se realizó antes de Navidad. Para mi mala suerte, ese año me enfermé de Hepatitis y falté dos semanas al colegio, lo cual terminó afectando mi promedio en el curso de Chino, saliendo jalado a fin de año y siendo derivado al correspondiente curso vacacional. Aquel fue el año en que me quedé sin regalo de Navidad. Y con el repentino riesgo de repetir el año si no superaba el vacacional el verano próximo...

Escrito por Erwin Zarria