Anécdotas Escolares

Historias tras un Aniversario Escolar

 

A mediados de Setiembre de 1986, las cosas para la Promoción XXII empezaban a ponerse más que interesantes. A principios de mes habíamos recibido la autorización del Teacher Tan para iniciar nuestras actividades de Promoción a nivel público, lo cual había despertado el entusiasmo de todos los miembros de la Generación de 1987. Todos los salones se pusieron las pilas, y empezaron a organizarse para la primera gran actividad, la cual se realizaría el 8 de Octubre, durante la celebración del Día del Colegio. Sin embargo, aquel evento no era lo único que ocupaba nuestro tiempo por esos días. Con el 8 de Octubre también llegaba la Feria de Ciencias, la cual era una de las actividades mas importantes del año en el plantel. Más aún cuando el proyecto que cada uno realizaba aportaba una nota importante para el curso de Biología. Así que las cosas no podían tomarse a la ligera. Por si fuera poco, algunos eran miembros de la Banda de Música, y los ensayos se hacían cada vez más intensos, por la llegada del Aniversario Octubrino. Y si a esto le sumábamos los Exámenes Bimestrales... Locura total.

Por esos días, lo que más me importaba era la actividad promocional. Había crecido viendo año a año a los miembros de diversas promociones realizando sus actividades, siempre tras el sueño del Viaje de Promoción, y me parecía increible que al fin nosotros estuviéramos en esos menesteres. Lo demás puede esperar, me decía yo. Sin embargo, el ser uno de los alumnos más aplicados del Cuarto Año "B" (modestia aparte) me obligaba a no descuidar los estudios, y esto implicaba dedicarle un buen tiempo al proyecto de la Feria de Ciencias. Un proyecto que consistía en demostrar que un roedor podía sobrevivir en un mismo lugar con cierto componente tóxico, siempre y cuando existiera un filtro adecuado que impidiera el desenlace fatal.

Mi grupo para la Feria de Ciencias estaba conformado por Pablo Saenz, Lita Martell, John Kim, yo y Yumín Choy. Precisamente este último se encargó de conseguir el ratón blanco que necesitábamos, el cual llevaba a diario al Colegio, aunque exactamente no sé para qué (tal vez para que el animal se vaya ambientando a la gente). Tanto tiempo estuvo encerrado el ratón en la misma pequeña caja, que luego de unos días olía horroroso. Así que tuvimos que reunirnos exclusivamente un día para bañarlo. La cita fue en casa de John Kim.

John era un amigo koreano, nuevo en el plantel. Vivía en San Isidro, cerca a la Av. Salaverry. Se había hecho rápidamente popular por su espectacular tamaño, similar al de un gigante oriental, luchador de Sumo. Pero su deporte favorito era el Basket, en el cual era sensacional. Tanto así que, si aquel año se hubieran realizado las Olimpiadas Octubrinas, hubieramos obtenido el primer lugar en Basket Masculino, sin ninguna discusión. Pero esa ya es otra historia. Lo cierto es que un día martes, luego de clases, y con la inexplicable ausencia de Lita Martell, nos reunimos en casa del koreano para discutir, fundamentalmente, lo del proyecto. Sin embargo, luego de una divertida charla de dos horas en la sala de John (mientras jugábamos con sus Pesas y Guitarra Eléctrica), terminamos llevando a cabo la tarea más importante: bañar al ratón. Esto fue realizado en el Lavatorio del Baño, y con agua tibia, lo cual de seguro contribuyó a que el ratón sobreviviera a semejante experiencia, en medio de bromas y carcajadas que por ratos nos hacían olvidar por completo al roedor, quien quedaba solo, nadando en una improvisada piscina, mientras era iluminado por la tenue luz de un fluorescente. Finalmente, Secadora de Cabello en mano, terminamos la labor, y al no tener más excusa para proseguir con la reunión, cada uno volvió a su casa.

Mientras esto sucedía con el proyecto de Biología, las actividades de Promoción iban quedando listas, al ser distribuidas las tareas que cada uno llevaría a cabo. A pesar de ser del Cuarto Año "B", yo participaba de las actividades del Cuarto Año "C", pues era ahí donde estaban administrados mis fondos de Promoción (desde Primero hasta Tercero de Secundaria yo fuí parte de aquel grupo). Sin embargo, esto no terminaba de ser comprendido por los miembros de mi actual sección, los cuales no veían con muy buenos ojos mi participación en el salón rival. Pero yo no me hacía problemas. Seguí participando de las actividades del "C", a pesar que otros ex-miembros de aquella sección sí se plegaron a las actividades de sus nuevos compañeros.

...Y así, llegó el gran día. A las 7:50 am del 8 de Octubre de 1986, un chico vestido con uniforme escolar, y con un par de papeles en la mano, corría presuroso por la Av. Paso de los Andes, rumbo a su Alma Mater. Obviamente era yo, desesperado por el ligero retrazo que tenía para estar puntual en la Feria de Ciencias. Agitado logré llegar al Colegio, y a las 8:00 am estuve en el Laboratorio, listo para iniciar el tortuoso show, esperando caballero el desenlace de la jornada, con los nervios del principio, y el aburrimiento del final. Como es de suponer, a este servidor le habían asignado la tarea de exponer el proyecto, así que las actividades de Promoción, tan esperadas por mí, me las iba a perder. Al menos eso parecía...

El Laboratorio era un loquerío. Teóricamente, todo ya debía estar listo. Sin embargo, nunca faltan los inconvenientes de última hora, y los profesores pasaron las de Caín para poder atender a todos sus pupilos. Cuando la profesora de Biología me vio, me comunicó que el ratón aún no había llegado, así que yo tenía que ir a buscarlo. Presuroso, fui en busca de Yumín para saber que diablos había pasado con el roedor; y mientras andaba en esas, veía que los primeros integrantes de mi Promoción iban llegando para alistar los puntos de venta para las actividades promocionales del gran día. Al fin, repentinamente me encontré con Yumín, quien ya estaba vestido con el uniforme de la Banda del Colegio. Muy apurado él, no sé como alcanzó a decirme que el ratón, que había estado siendo guardado en la casa de Gustavo Castro (a tres cuadras del colegio), se había escapado la noche anterior. ¡Cuanta confianza me tenía!, me dije yo, luego de lo cual corrí al Laboratorio para comunicarle la noticia a la profesora de Biología. Cuando se lo hice saber a ella, abrumada por toda la responsabilidad que tenía encima, tan solo atinó a decirme ...¡Qué vamos a hacer!; ¡Llévate las cosas de tu grupo!. De pronto, el destino me brindaba una doble ayuda, pues me liberaba de la Feria de Ciencias, y me daba la oportunidad de participar de las actividades de Promoción. ¡Bien!, me dije yo, mientras mentalmente le agradecía a Nemesio (así se llamaba el ratón) el que se halla escapado.

Minutos después, y luego de sacar las cosas del Laboratorio, me uní a mi grupo de Promoción. Era bastante temprano, así que no me había perdido de casi nada. Así pues, todos comenzamos a trabajar en equipo, armando las mesas, recibiendo los productos a vender (queques, causa rellena, gaseosas, etc.), y ubicando el centro de todo: La Caja. Esta última sería administrada por la Miss Ofelia Benavides (nuestra Tutora), apoyada por algunas madres de familia.

Las actividades empezaron a eso de las 10:00 am, pero la venta era bastante lenta. Más aún cuando entrábamos en sana competencia con los otros salones (el Kiosko no atendía por solidaridad). Aprovechábamos el tiempo para revisar que todo estuviese bien, y de vez en cuando para darnos una escapada al Auditorio, para ver la actuación. Recién al mediodía, cuando las actividades en el Auditorio concluyeron, las cosas mejoraron. La gente salía con muchas ganas de consumir, mientras iban a la Feria de Ciencias ó a ver algunas de las actividades que se realizaban en el Patio Principal. El ambiente se puso muy bueno, y el esfuerzo estaba valiendo la pena. Y eso que algunos miembros de mi actual salón pasaban y me sacaban en cara que los estaba traicionando. Pero yo no les hacía caso. Estaba feliz, disfrutando del momento. Más aún cuando mi enamorada, luego de concluir con su participación en la Banda de Música, se me había acercado minutos antes, para hacerme una muy sugestiva invitación para ir al cine luego de terminar con todo. ¡Estaba en las Nubes!.

El tiempo pasó rápidamente, y a eso de las 2:30 pm, el furor empezó a bajar. La gente se iba yendo, y el colegio empezaba a quedar desolado. Mi enamorada pasa una vez más por mi lugar de venta, y ya sin el uniforme de la Banda del Colegio, me recuerda que estará esperándome en su casa, para ir al cine. Se va, mientras yo le prometo que no faltaré. Minutos después, el grupo decide que ya es hora de concluir la actividad, así que empezamos a desarmar todo. Por un lado la Miss Ofelia se quedaba sacando cuentas, mientras otro grupo íbamos devolviendo las mesas que habíamos sacado del comedor. De pronto, veo que algunos chicos de la Promoción estaban jugando basket en la cancha del Pabellón Confucio, así que decidí unirme a ellos....

A eso de las 3:30 pm, diez muchachos se enfrascaron en un vibrante partido de basket en una cancha completamente vacía. Era nuestro sueño dorado; sin niños primariosos corriendo en medio de nosotros (como en los recreos), ni profesores que nos digan que ya era hora de irnos a cambiar (como en las clases de Educación Física). Fue una hora llena de jugadas mágicas, y de diversión a raudales. Por ahí recuerdo que estuvieron Aldo Chinén, Pablo Kohatsu, Manuel Lau, Gabriel Ramón, Jorge Salverredy, además de mí y otros más. Y la verdad es que el tiempo se fue volando... De pronto, veo mi reloj, y eran casi las 5:00 pm. Repentinamente, recuerdo que cierta chica me estaba esperando en su casa para llevarla al cine, así que, desesperado, cojo mis cosas y parto de inmediato a su casa (ubicada a unas cuadras del Colegio), con la esperanza de que no estuviera muy molesta por el retrazo. Minutos después, a unas tres cuadras de su casa, me acobardo, y decido llamarla por teléfono, para decirle que estoy en camino. Me contestó una tía suya, quien me dijo que mi enamorada ya se había ido a casa de sus padres (la cual estaba por Ventanilla), y que no regresaría hasta el siguiente día de clases. Ni modo, tuve que darme media vuelta y regresar a mi casa, recriminándome por mi error táctico...

Una hora después, ya en casa, me encontraba solo en mi habitación, tirado en mi cama y mirando el techo. Pensaba en mi chica y en lo que me había perdido por un leve descuido. Sin embargo, de pronto comencé a darle vueltas a todo lo que me había pasado aquel día, y finalmente llegué a la conclusión de que no la había pasado tan mal, y que las cosas no podían estar mejor. Total, con una buena disculpa todo se arreglaría entre mi chica y yo...

Así pues, el resto del fin de semana me la dediqué a descansar y a disfrutar de todo lo que me había pasado en aquel 8 de Octubre. Un Día del Colegio que nunca podré olvidar.

Escrito por Erwin Zarria