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Enero 14, 2007

 

Los días previos a la graduación y fiesta de nuestra promoción han resultado ser, con el tiempo, algunos de los recuerdos más memorables de nuestra época escolar.

Siempre me resultó curioso el que la gente ajena al Diez de Octubre me preguntara qué hacía en pleno Enero de 1988 metido todavía en nuestra Alma Mater. Nadie podría creer que mientras otros chicos de nuestra edad ya habían dejado atrás su etapa escolar y se dedicaban de lleno a las academias pre-universitarias, nosotros siguiéramos metidos en todos los preparativos para la fiesta de promoción.

Para mí, lejos de parecerme una debilidad del colegio, siempre me resultó valioso que invirtieran unas semanas más en nosotros, con la finalidad de realizar una graduación y fiesta de promoción a la manera tradicional y a todo dar. Aquella, además, era una forma de reforzar los vínculos antes de la separación final. Y eso a la larga resultaría invalorable.

Hagamos memoria. Nuestras clases culminaron tras los últimos exámenes del cuarto bimestre, a mediados de Diciembre de 1987. Aquel fue el primer y único año de nuestra secundaria que no pasamos por la famosa quinta nota, lo cual fue un alivio para todos. Semanas atrás ya habíamos empezado los ensayos para la graduación, continuando aún después de finalizadas las clases y hasta horas antes de Navidad, inclusive. Dichos ensayos fueron matutinos. Luego, por decisión mayoritaria, los que debíamos retomar en Enero de 1988 pasaron a la noche, ya que por esos días todos ya andábamos metidos en las academias pre-universitarias.

Es aquí donde radica gran parte de la nostalgia de hoy, ya que cada nuevo encuentro era aún más emotivo que el anterior. La hermandad creció notablemente; hermandad surgida en todos nuestros años de estudio, fortalecida por el Viaje de Promoción de Julio - Agosto 1987, y consolidada ahora, durante la esforzada practica de canciones y coreografías, pero matizadas por nuestras constantes palomilladas y bromas. El destino, inclusive, contribuyó a todo esto, ya que por un descuido de Héctor Che (compañero encargado de las gestiones para conseguir el lugar de la fiesta) no se logró realizar la reservación del chifa Lung Fung con la debida anticipación, trasladando la fecha final del 23 al 30 de Enero de 1988.

Cómo olvidar aquellas salidas en mancha a nuestras casas, a eso de las 9:30 PM. Para evitar cualquier asalto, deciamos. Eran excusas para seguir compartiendo momentos entre nosotros sabiendo, inconcientemente, que se convertirían en memorables. Y qué decir del último ensayo, prolongado casi hasta las 10:30 PM (madrugada, para nosotros), porque habíamos olvidado ensayar el vals. Fue el día de mayor tensión, pero también el de más bromas. Todos terminando de pagar las cuotas para nuestras mesas, y apostando que los faltantes a los ensayos (que por dicho motivo supuestamente no podrían participar del día final) igual se aparecerían en la graduación. Y así fue. Al final, todo perfecto. Gracias a la dedicación que le pusimos nosotros y, digámoslo claro, gracias también a la dedicación del Teacher Tan.

Por todo lo expuesto me atrevo a sugerir a las promociones venideras que pidan al colegio retomar esas últimas semanas. Tengo entendido que desde hace un tiempo las nuevas generaciones ejercieron presión y lograron que todo se realice, máximo, hasta la primera semana de Enero. Apurados todos por dejar el colegio y salir al mundo. Sin entender que el mundo aún puede esperar, permitiéndoles el privilegio, invaluable privilegio, de compartir con sus compañeros de siempre unos días más. Tal vez, los más atesorables de toda su experiencia escolar.

Bueno amigos, es todo por el momento. Espero que disfruten de esta nueva actualización, y que muy pronto tengamos novedades concretas sobre las celebraciones por el 20º aniversario de nuestra promoción. Un fuerte abrazo y...

¡Hasta la Próxima!.

Escrito por Erwin Zarria